El líder consciente. Liderazgo espiritual

 

En estos tiempos en los que estamos pasando de una  Era de cambios a un cambio de Era, necesitamos líderes de otra pasta, con visiones amplias y capaces de sacar lo mejor de cada uno. Siempre he admirado a aquellos líderes que a través de su ejemplo son capaces de inspirar a otras personas a cambiar y encontrar su motivación para dar lo mejor de sí mismas.

 

Liderazgo Visionario. Líder esperitual

 

El problema o la realidad es que dentro de las empresas no se encuentran tantos líderes inspiradores con una clara visión de hacia dónde quieren ir y eso hace que muchas organizaciones pierdan efectividad y productividad por una falta clara de dirección.

Ante todo el líder debe ser capaz de liderarse a sí mismo para liderar a otros. Hay muchos estilos de liderazgo pero pienso que sólo aquel que es capaz de inspirar y transformar (Líder Consciente) es el que marca la diferencia  y sobre todo, deja un legado en él. De ahí que los líderes inspiradores sean también visionarios, capaces de “pensar fuera de la caja”, comprometidos y capaces de ir más allá de los límites establecidos.

Podemos hablar de Líderes Espirituales, comprometidos con ellos mismos y con su entorno para crear una empresa feliz donde cada trabajador pueda desarrollarse y dar lo mejor de sí mismo.

Pero… ¿qué es el liderazgo espiritual?  El liderazgo espiritual no tiene que ver con la religión, sino con estimular la pasión y el entusiasmo de un equipo de trabajo.

 

Si una empresa usa a los empleados como una simple prolongación de sus máquinas, no puede esperar que innoven, sean felices y productivos”.  Simon Dolan

 

Hoy, la relación entre directivos y empleados, exige que en esta relación se genere pasión, confianza y estar en sintonía con los valores éticos, económicos y emocionales.

La espiritualidad podemos definirla como aquello que toca más el alma que el bolsillo. Para generar entusiasmo y pasión en las empresas hay que motivar a los trabajadores cuidando su alma y creando un ambiente divertido de trabajo. En definitiva, entornos organizacionales felices, donde el trabajador se sienta motivado a dar lo mejor de sí mismo con entrega y pasión.

Los líderes espirituales inspiran porque no sólo buscan obtener beneficios económicos, también dotan de sentido a lo que hacen. Ocho de cada diez fusiones o adquisiciones de empresas fracasan porque sólo miran el aspecto económico y no los valores que se desea alcanzar. Si no hay valores compartidos, no podemos hablar de cultura organizacional.

La principal característica que distingue los valores espirituales (como pueden ser la contemplación, la creencia y la compasión) del resto, es que éstos se generan más allá de la propia persona. A diferencia de los valores corporativos, los espirituales no inciden directamente en la eficacia organizativa, pero sí proporcionan una plataforma para alinear y dar sentido a los valores terrenales. A corto plazo, una organización y un líder pueden vivir sin ellos. Pero, a largo plazo, su ausencia se antoja imposible: la espiritualidad le da sentido a la empresa y hace felices a las personas.

 

Sí tenemos en cuenta estos parámetros, el Modelo de Gestión Espiritual se puede resumir en cuatro puntos:

1. Balance emocional, económico y ético

Buscar un equilibrio entre la salud financiera, ética y emocional de la empresa genera más felicidad interna y una mayor ventaja competitiva en el mercado, que contribuyen a crear un mundo mejor. Las personas, con sus distintos valores, tienen que ser la base de la organización empresarial. Esto favorece la creatividad en la resolución de problemas complejos, incentiva la profesionalidad en una organización en forma de red e impulsa el compromiso, el aprendizaje y la creatividad. Un líder debe apoyarse más en la satisfacción personal que en el salario.

2. Crear ideas que ilusionen

Un líder debe dotar al proyecto de una meta ilusionante que responda a las preguntas ¿hacia dónde vamos?, ¿para qué? y ¿cuáles son las reglas del juego? Hay que conseguir que las personas deseen ir a trabajar. Si el trabajador aborrece su empresa y su entorno laboral, no logrará involucrarse al máximo en la consecución de objetivos.

3. Sacar lo mejor de cada colaborador

Humanizar la empresa y no tratar a los trabajadores como simples piezas de engranaje de una entidad material, incide en la transformación de las personas, centrándose más en el cambio de actitud y de conducta que en la recepción de información y desarrollo de habilidades.

4. Dotar de legitimidad al equipo directivo

Cohesionar y dar credibilidad al equipo directivo de la empresa ante sí mismos, ante sus colaboradores y ante el conjunto de la sociedad es vital.

 

Por todo ello, debemos reinventarnos con visión que nos marque dónde queremos estar mañana. Con inspiración, ya que sin ella una ejecución pierde el impulso necesario para ser efectiva. Con atrevimiento para superar el miedo, la inseguridad y la tendencia al control que impera aún en muchos entornos y que nos  impide aceptar y asumir la responsabilidad del cambio y sobre todo con pasión para llevar a cabo las metas e ideas ilusionantes dentro de la empresa.

 

 “Sin entendimiento no habrá confianza. Sin asumir riesgos, nada cambiará”.  Teresa de Calcuta

 

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Muchas gracias :)

#tucreastufuturo

 

Ana Isabel Delgado

Formadora y Facilitadora en Gestión del Cambio

 

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